Publicado el 7/04/2026
En esta ciudad, hay tradiciones que no entran en los libros, pero viven en las manos. La galleta de piso es una de ellas: redonda, simple, hecha con tiempo… y con historia.
Cada abril, cuando llega la Fiesta de la Galleta de Piso, el pueblo entero se convierte en una gran mesa compartida. El 11 y 12 de abril de 2026, la plaza principal vuelve a llenarse de vida: instituciones que cocinan con identidad, platos que abrazan la galleta -bondiola, lechón, pollo, bruschettas-, food trucks, más de cien emprendedores, música, danzas y encuentros que hacen de esta fiesta algo más que un evento.
En el marco de una verdadera fiesta gastronómica que celebra la identidad local, la programación incluirá propuestas en vivo que acercan al público al corazón de la tradición panadera. Se sumarán bandas locales a las 15:00 y la apertura oficial será a las 17:00. El domingo 12, también desde las 13:00, se dará inicio a la segunda jornada, que tendrá como uno de sus momentos destacados la masterclass del chef Emiliano Machado a las 14:30, auspiciada por ITGAS y la Asociación Hotelera y Gastronómica de La Plata, donde elaborará tres recetas con productos locales; luego habrá espectáculos musicales desde las 15:00 y el cierre será a las 20 horas y estará a cargo del reconocido artista Axel. En este sentido, el intendente José Luis Salomón destacó la importancia del evento al señalar que “esta fiesta no solo pone en valor una tradición centenaria, sino que también fortalece el trabajo de nuestras instituciones y posiciona a Saladillo como un destino turístico y cultural en crecimiento”.
Y mientras todo sucede, hay una historia que vuelve a contarse.
Hace más de un siglo, en 1912, la panadería La Estrella encendía sus hornos por primera vez. Allí, la familia Onís empezó a dar forma a esta galleta que sería distinta a todas: la última en entrar al horno, cocinada directamente sobre el piso de barro, como un gesto de aprovechamiento… que terminó siendo identidad.
Pero lo que parecía cotidiano tomó un rumbo inesperado. En 1918, esas mismas manos decidieron enviar una lata de galletas en barco hacia Milán. Cruzó el Atlántico durante semanas, resistiendo el tiempo y la distancia, hasta llegar a un concurso internacional. Y allí, contra toda lógica, esa galleta de campo, nacida en lo simple, fue reconocida con el Primer Premio Mundial y Medalla de Oro.
Desde entonces, la historia ya no fue solo de una familia, sino de todo un pueblo.
La panadería se convirtió en punto de encuentro: los vecinos del campo llegaban, buscaban su bolsa de galletas para la semana, recibían cartas, compartían noticias. La galleta no era solo alimento; era compañía, era tiempo, era comunidad.
Hoy, esa misma esencia se respira en cada rincón de la fiesta. El municipio entrega galletas a 23 instituciones, que las transforman en platos nuevos sin perder su raíz. Los artistas suben al escenario, los chicos corren, los mayores recuerdan. Y cuando la música, con Axel cerrando la celebración, envuelva la noche, todo cobra un sentido más festivo. Porque la galleta de piso sigue haciendo lo mismo que hace más de cien años: reunir.
Es un pan que viajó en barco y ganó el mundo, pero eligió quedarse en su lugar de origen. Un símbolo que se multiplica en cada horno, en cada familia, en cada historia compartida. Y así, en Saladillo, la tradición no se guarda: se amasa.