Publicado el 12/05/2026
A menudo olvidamos que la educación pública, gratuita y de excelencia que tenemos en nuestro país es una excepción en el mundo. Es un derecho fundamental construido con esfuerzo histórico, pero, sobre todo, es un espacio de trabajo constante y vital. Todos los días, en las aulas, talleres y laboratorios, miles de docentes, investigadores, trabajadores no docentes y estudiantes construyen nuestro futuro. Allí se investigan soluciones para nuestros problemas, se desarrolla tecnología y se forman las y los profesionales que cuidan nuestra salud, planifican nuestras ciudades y educan a nuestros hijos. El conocimiento que nace del trabajo universitario es un bien común que siempre vuelve a la comunidad.
Por este motivo, desfinanciar, desprestigiar y poner en riesgo el funcionamiento del sistema universitario va mucho más allá de una cuestión de presupuesto: es una decisión política que compromete directamente el desarrollo y el bienestar de nuestro país.
Desde la Mesa de Educación Superior expresamos nuestro apoyo incondicional a quienes ponen el cuerpo y la mente todos los días para sostener a nuestras Universidades Nacionales. Lo hacemos con la profunda convicción de que la Educación Superior transforma la vida de las personas y tracciona el bien común. Nos pronunciamos porque defender la Universidad, a sus trabajadores y a sus estudiantes, es en definitiva defender el horizonte de toda nuestra sociedad.
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